Salmos 100:4-5 – Entrad por sus puertas con acción de gracias, y en sus cortes con alabanza; Dadle gracias y bendice su nombre. Porque el Señor es bueno; su misericordia es eterna; y su verdad perdura a todas las generaciones.
Estamos entrando en la época de Acción de Gracias, pero si soy sincero, la gratitud no siempre llega fácilmente. Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos división, odio, tristeza, incertidumbre y tanta ruptura en nuestro mundo, puede ser difícil no preguntarse qué hay por lo que estar agradecidos.
Sin embargo, cada vez que esos pensamientos empiezan a abrumarme, vuelvo al Salmo 100. En sus palabras familiares, me acuerdo de que tengo mucho más por lo que estar agradecido de lo que a veces me doy cuenta.
Al leer esos versículos, recuerdo que la gratitud no depende de lo que ocurre a mi alrededor. Está arraigada en quién es Dios. El salmista nos invita a “entrar en sus puertas con acción de gracias y en sus cortes con alabanza.” Esa invitación no fue escrita para personas que llevan vidas tranquilas y despreocupadas. Fue escrita para personas que necesitaban recordar que Dios permaneció fiel sin importar sus circunstancias.
Cuando nos centramos solo en los titulares, el desánimo puede apoderarse rápidamente. Cada día parece traer otra historia de conflicto, pérdida, división o incertidumbre. Es fácil permitir que esas realidades eclipsen las bendiciones que Dios ha puesto justo delante de nosotros.
Pero el Salmo 100 cambia nuestra perspectiva. Nos recuerda que Dios sigue en Su trono, sigue en control y sigue actuando incluso cuando no podemos verlo. Su amor permanece inquebrantable, y Su fidelidad perdura en cada generación. Es el mismo Dios que llevó a su pueblo a través de pruebas, guerras, hambrunas y dificultades hace miles de años, y sigue llevándonos hoy.
Quizá las finanzas estén ajustadas. Quizá los retos de salud se hayan convertido en parte de tu realidad diaria. Quizá un sueño largo, como tener una casa propia, parezca más lejano que nunca. En momentos como ese, ayuda hacer una pausa y hacer balance de las bendiciones que quedan.
Agradece a la familia y amigos que te ayudan a cargar con las cargas de la vida y celebra sus alegrías. Agradece el calor del sol en tu rostro, el sonido de la risa de un niño, un lugar al que llamar hogar, comida en tu mesa y la capacidad de trabajar. No pases por alto los regalos sencillos: una sonrisa de un desconocido, un momento tranquilo en un día ajetreado o una bondad inesperada cuando más la necesitas. Cada día trae nuevas pruebas de la bondad de Dios si estamos dispuestos a buscarla.
La gratitud no ignora el dolor, ni finge que el sufrimiento no existe. En cambio, la gratitud reconoce que incluso en medio del dolor, Dios está presente. Elige mirar más allá de los problemas temporales y recordar Su bondad duradera. Confía en que Sus planes son mayores que nuestra comprensión y que Su fidelidad perdurará más que cualquier circunstancia que enfrentemos.
Esta temporada, elijo la gratitud, no porque la vida sea perfecta, sino porque Dios es fiel. El mundo puede ofrecer muchas razones para desanimarse, pero la Palabra de Dios ofrece innumerables razones para dar gracias.
Así que, si este año te cuesta estar agradecido, abre el Salmo 100 y léelo despacio. Deja que sus palabras te recuerden que la gratitud no comienza con nuestras circunstancias, sino con nuestro Salvador. Y cuando recordamos quién es, a menudo descubrimos que tenemos mucho más por lo que estar agradecidos de lo que pensábamos al principio.
“Porque el Señor es bueno y su misericordia es eterna; Y su verdad perdura a todas las generaciones.” (Salmo 100:5)
Que esa verdad llene vuestros corazones de acción de gracias hoy y a lo largo del año que viene.
Pregunta de reflexión:
¿Cuál es una prueba de la bondad de Dios en tu vida hoy que quizá hayas pasado por alto al centrarte en los desafíos que te rodean?